Escrito por: Julio A. García (México) Ganador del SEGUNDO LUGAR de fanfics del concurso de Latinalia 2021
El domingo 12 de septiembre de 1847 en el heroico colegio militar de Chapultepec ubicado en el cerro del mismo nombre, permanecían los 6 cadetes que llevarían el legado de esta historia sobre sus hombros.
Aquella mañana Juan Escutia un joven casto que había podido proliferar la inocencia dentro de su alma, a pesar de que por sus ojos habían abundando las imágenes más crudas y sangrientas que un conflicto bélico podía contener; se dirigía a un lugar que le arrebataría lo último de su pureza.
Cada paso que daba era como un pulso sensorial, que le hacía recordar las órdenes que le habían indicado sus 4 amigos. Ir al paraíso de la ninfa. Un viejo closet donde se guardaban utensilios de limpieza, donde se rumoreaba que, al entrar los chicos, se volvían hombres después de copular con una especie de ser con voz dulce y piel paliduchamente suave.
Nadie sabía cómo podía ser eso posible, pero los tiempos de guerra hacían que esas preguntas fueran innecesarias, mientras existiera la opción de copular con lo que parecía ser una chica delgada y sumisa de carácter. Dado que todos estaban enterados que al día siguiente se enfrentarían contra el ejército americano.
Al llegar. El joven cadete se detuvo casi aguantando la respiración frente a la puerta.
Se fajó la camisa lo mejor que pudo y haciendo su mano cóncava junto con sus dedos, se la llevó a la boca y revisó si tenía buen aliento. Entonces sin más, entró al closet y cerró la puerta.
“¿Tú eres el único que falta no? Juanito”
Pregunto una penumbrosa figura oculta en la oscuridad.
“Si señorita”
Sin aviso previo recibió una descarga de sorpresa a sus emociones, cuando sintió que aquella persona le tomó una de sus manos y la llevó hacia adelante, palpando al instante unos genitales idénticos a los suyos, pero totalmente ajenos.
“No sé de qué provincia provengas insensato, pero de donde yo vengo las señoritas no tienen un pene tan grande como este”
Replicó la persona en el interior de ese lugar, esperando asustar al inocente individuo que le acompañaba, sin embargo, él sería el que resultaría sorprendido.
“Sabía que eras vos, Agustín”
Comentó juan con una voz melancólica y comprensiva, para después preguntarle un seco y contundente
“¿por qué haces esto?”
Aquella ninfa a la que se le había descubierto la identidad le comenzaron a brotar los frutos de ira que le había sembrado el cuestionamiento de su compañero.
Agustín se abalanzó desnudo sobre su compañero, tomándolo del cuello del uniforme lo hizo pegar la espalda contra la pared. Y así como la lluvia nocturna se desliza por la oscuridad, así mismo sus cálidas lágrimas brotaban rodando por sus mejillas blancas.
“lo hago por vosotros, incautos barbajanes”
Porífero con enojo el cadete, que arrojando a su amigo se propondría a revelar las razones de sus actos.
En su discurso extenuante sobresalían las más nobles intenciones. No es que aquel chico fuese un degenerado o un pervertido; sino que, con esos actos buscaba que sus 5 mejores amigos pudiesen llegar a sentir una sensación diferente al sufrimiento. Comentaba como desde sus nacimientos no habían experimentado más que carencias y un putrefacto sentido del patriotismo que les impulsaba a seguir con esa insignificante vida.
Por lo que decidió crear un creativo rumor, donde se decía que, en el armario del conserje a cierta hora del día, aparecía una ninfa fantasma, que te daba todo tipo de servicios sexuales, sin pedirte ningún precio a cambio. Usando ese placer como último regalo a sus camaradas. Que posiblemente perderían la vida al día siguiente antes las armas de los enemigos,
Aunado a ese sentimiento de amor, también existía en lo más profundo de su corazón un enorme desprecio, un desprecio exuberante hacia su nación, hacia España, hacia los estados unidos y a todos los colectivos bélicos y sobre todo religiosos que eran partícipes de la infame realidad que vivía la humanidad.
“Para ellos no somos más que piezas de un juego maquiavélico, apuesto lo que desees a que, si supieran lo que somos también seríamos sus enemigos. Si esos militares y religiosos supieran que somos maricones, nos matarían igual que los canallas que notros mismos hemos matado”
Entonces empujó a su compañero, haciendo que forzosamente terminase sentado, para después el mismo sentarse sobre él. Acercó sus labios a los oídos de Juan para decir.
“Peca conmigo, para ellos irás al inferno por asesino, tanto como por ser joto, así que no tienes nada que perder”
Juan comprendió lo que tenía que hacer, así que más que por un deseo sexual, sino por un deseo de apoyar a su camarada; desabrocho su cinturón y descubriendo una gran erección de entre sus pantalones, dejo que Agustín lo tomase del falo, para poder penetrarse descendiendo sobre el miembro rígido de su amigo.
Juan podía escuchar como la respiración de su compañero se volvía cada vez más salvaje y libre. Por su parte los brazos y las piernas del joven de piel pálida abrazaban el cuerpo de su pareja, al mismo tiempo que sus caderas hacían movimientos hacia atrás y adelante.
Cuando el éxtasis era prominente en sus cuerpos, pudieron sentir como una variedad de orgasmos se llevaban a cabo en la unión que tanto disfrutaban. Terminando así con la castidad del joven Escutia.
El lunes 13 el ejército estadounidense llegó y masacraron a todo cuerpo y alma que no fuese americano. Como un profeta Agustín tuvo la razón. Dando paso a Juan que con sus jóvenes ojos pudiera observar cómo sus amigos eran asesinados ante su persona.
Como una manera de honrar a su amante, se envolvió en la bandera de su nación, así como su amado lo envolvió en la oscuridad para su bienestar. Arrojándose al vacío. Conservando así sus sentimientos de amor, muriendo con honor y orgullo, alejado del conflicto, con Agustín Melgar lo hubiese querido. Siendo de esa manera, un símbolo de juventud y patriotismo.
JUAN ESCUTIA AGUSTÍN MELGAR