Escrito por: Pao Nuñez Donoso (Chile) MENCIÓN HONROSA del concurso de fanfics de Latinalia 2021
Su mano perdiéndose entre la intimidad de unos rizos cobrizos, deseosos de alcanzar el miembro tumefacto, sonriendo victorioso al escuchar aquel gruñido gutural.
-Espera…
-Ya espere mucho- Espeto José quien sin esperar aprobación, acariciaba aquella hombría
A esas alturas era irrisorio el escenario en el que estaban, ambos, gallardos guerreros, escondidos del tumulto, buscando la boca del contrario. San Martin no se explicaba cómo llegaron a ese punto, ni menos se cuestionaba porqué esos ojos de azul turbulento lo miraban vidriosos y extasiados.
Maipú 1819
Habían conseguido que los realistas replegaran sus milicias y se rindieran ante la fuerza de combate desplegada por San Martin al mando del ejército de los Andes y de Chile. La victoria era contundente a pesar de la ventaja que les habían sacado las tropas españolas en Rancagua y la cual casi le cuesta la vida a O’Higgins.
-¡Toque de retirada!- Ordenó José –Nuestra tarea aquí ya está completa… -¡Gloria al salvador de Chile!- interrumpieron, haciendo que todo movimiento se detuviera
No necesitaba voltear para ver quién era, pero al hacerlo, le sorprendió que a pesar de lo malogrado que había quedado luego del desastre en Rancagua, O’Higgins se las arreglara para verse imponente, montado en su caballo.
-¡Chile no olvidará jamás al ilustre inválido que en el día de hoy se presenta en el campo de batalla en este estado!- Respondió José, viendo como sus soldados se abrían paso
Aquel cabello cobrizo resplandecía bajo el sol y unos ojos azules tan profundos y misteriosos como el cielo, le devolvían la mirada
-Querido amigo- Hablo Bernardo hasta posicionarse en frente –Nuestro agradecimiento, será eterno… Y la Virgen del Carmen es testigo de mi aprecio – espeto pasando su brazo por el hombro de José
-Hice lo que ustedes hubieran hecho- respondió correspondiendo el gesto, dando origen a aquella postal que en años posteriores seria plasmada por Pedro Subercaseux.
-¿No pensaran marchar si celebrar antes?- interrogo Bernardo –Después de lo sufrido, lo menos que merecen es que agasajemos a tus hombres- agrego
Alcohol, comida y mujeres había sido la fórmula para el desenfreno de aquella noche, ya poco quedaba del decoro militar que los caracterizaba. Había muchachas cantando, apuestas en dudosos juegos de mesa y mucha algarabía
San Martin se divertía viendo a sus hombres hacer de las suyas, pero en ese intertanto sus ojos se posaron en aquella figura que le miraba con intensidad desde un lugar alejado. Bebía de su copa, con aquella displicencia y altanería que le caracterizaban, aquellos ojos azules, de los cuales había oído rumores de su belleza, le miraban sin despegársele de encima “No hay quien se le resista”, “Es como si tuviera el diablo adentro”- le habían advertido. El argentino no era idiota, sabía que aquellas miradas eran una invitación…Una que no rechazaría
-Aclaremos que esto lo hacemos porque yo quiero- espeto José continuando en su faena –Yo no creo en ninguna de esas mierdas de brujerías que dicen…
La risita cantarina de Bernardo hizo que este lo viera extrañado –No puedo creer que esas habladurías llegaran hasta ti… ¡Ah!…-No pudo contener el gemido que arranco de sus labios, José lo besaba y tocaba con vehemencia. Bernardo sabía que no sería amable y mentiría si dijera que esperaba algún tipo de contemplación por su parte, es mas lo disfrutaba. Estuvo provocándolo hasta saber que con solo con una mirada este correría a hacerse de él. José por su parte besaba y mordía toda la piel expuesta, sabía que no tenían mucho tiempo, sus hombres estaban a unos metros celebrando la victoria y ellos como dos adolescente descontrolados se encontraban a campo traviesa, dando rienda suelta a sus deseos
-Aquí se construirá el templo de la Virgen del Carmen- hablo el pelirrojo divertido -Por la Santa que nos ve blasfemar, deberías comenzar por arrodillarte…
Bernardo sin apremio se inclino frente a la hombría de San Martin, la cual sobresalía de su ropa, rozo su rostro como un gato callejero en busca de afecto, sintiendo sus papilas salivar ante el olor almizcleño que el argentino despedía. Bajando la última prenda que cubría su sexo este engullo su miembro tumefacto.
-¡Mierda!- mascullo entre dientes el argentino, hipnotizado ante aquellos ojos penetrantes llenos de lujuria –De-Definitivamente eres un demonio
Sus dedos se enredaron en las hebras cobrizas, imponiendo un ritmo constante y tosco. Quería doblegarlo, que llorara y suplicara por que parara, que admitiera que él era superior… Pero el muy maldito lo disfrutaba
Bufo frustrado cuando Bernardo se alejo y con los ojos fijos en él vio como se despojaba de su ropa. La luz de la luna iluminaba su piel lechosa, y San Martin vio como aquella aparición le incitaba a sentarse en el suelo y se cernía a horcajadas sobre él. Gimió al sentir como el interior del otro se ajustaba a la perfección, como la respiración se le agitaba viendo como el cuerpo que hace poco creía sometido lo cabalgaba como si de un pura sangre se tratara.
Bernardo gemía descontrolado, ver a José completamente a su merced mientras lo montaba, el ulular de una lechuza entremezclándose con los gemidos y la incertidumbre de ser descubiertos, lo tenían al límite.
-No… aguanto- mascullo José, quien sin orden alguna tomo el miembro de Bernardo acariciándolo al ritmo de sus estocadas
Un par de embestidas mas, profundas, certeras, fue el detonante para que la simiente del pelirrojo se derramara entre sus cuerpos y para que su propio torrente se anidara en el interior del otro. En un inesperado movimiento, José atrajo a Bernardo en abrazo cálido y sin aviso, besó tiernamente su cabellera
-¿Qué dirían si supieran?- intervino Bernardo riendo
-Dirían… ¿Viva Chile?- respondió San Martin sonriendo con complicidad, estremeciéndose al ver aquellos ojos azules corresponderle. José no quería admitirlo, pero necesitaba de su mirada, de su voz, de su cuerpo
San Martin decidió que este era el abrazo real… Un recuerdo que guardarían en su corazón, cada beso, cada caricia, quedaría tatuada a fuego en la piel de ambos libertadores.