Cómo «Heated Rivalry» encaja en la historia del boys’ love japonés

Traducción del artículo: How ‘Heated Rivalry’ fits into the history of Japanese ‘boys’ love’ en The Japan Times por Jessica Speed

«Desde su estreno en noviembre en HBO Max, la serie canadiense “Heated Rivalry” se ha disparado hasta convertirse en un auténtico megahit, impulsada por sus escenas subidas de tono y una historia de enemigos a amantes que se desarrolla a lo largo de una década. Centrada en la relación emergente entre dos jugadores de hockey masculino que pertenecen a equipos rivales, la producción se ha transformado en un fenómeno inesperado, especialmente popular entre el público femenino.

La serie, de bajo presupuesto y basada en una saga de novelas románticas de Rachel Reid, se volvió viral rápidamente, catapultando a la fama a sus entonces desconocidos protagonistas Hudson Williams y Connor Storrie, e incluso ofreciéndoles la oportunidad de participar como portadores de la antorcha en la antesala de los Juegos Olímpicos de Invierno de 2026 en Italia. A medida que clips de Heated Rivalry circulan masivamente en redes sociales angloparlantes, los fans han intensificado el entusiasmo apoyando abiertamente a las parejas centrales, publicando vídeos de reacción y revisitando de forma obsesiva episodios y entrevistas del elenco. En ese proceso, tanto en los comentarios de redes sociales como en la crítica profesional han comenzado a utilizarse términos de origen japonés para describir a la serie y a su audiencia: “BL”, abreviatura de boys’ love, y fujoshi —literalmente “chica podrida”, una etiqueta usada en Japón para referirse a mujeres que disfrutan de romances entre hombres—.

La conversación en línea en torno a la base de fans femeninas de la serie se ha vuelto rápidamente polémica. Algunos críticos han cuestionado si su popularidad refleja una visión fetichista de las relaciones homosexuales, han acusado a las mujeres de “arruinar” los contenidos queer y han argumentado que hombres gays y bisexuales están siendo desplazados de sus propios espacios culturales.

Sin embargo, el lenguaje y los debates que rodean al BL remiten a una historia cultural mucho más larga, forjada durante décadas antes de la llegada de Heated Rivalry.

La larga historia de amor del género BL

Las raíces del BL pueden rastrearse hasta la obra de la escritora japonesa Mari Mori, cuya novela de 1961 The Lovers’ Forest ayudó a despertar un interés temprano por el romance entre hombres. No obstante, el género no se consolidó como tal hasta la década de 1970, cuando autoras japonesas comenzaron a publicar historias basadas en las convenciones de cuento de hadas del shōjo manga (cómics dirigidos principalmente a un público femenino joven).

En las décadas siguientes, el BL creció hasta convertirse en una importante categoría comercial, respaldada por revistas especializadas como June y Be × Boy, e influenciada por artistas del manga como Keiko Takemiya y Moto Hagio.

Con la expansión del uso de internet en los años noventa y principios de los 2000, el BL dejó de estar limitado a Japón y comenzó a circular a través de redes informales de traducción y fandoms en línea por Asia Oriental y Sudeste Asiático, para luego llegar a América del Norte, Europa y Australia.

Además, antes de que BL se estableciera como una etiqueta popular en inglés, los fans ya producían slash fiction: relatos románticos que emparejaban personajes masculinos de series populares. Ya en los años setenta, seguidoras imaginaban relaciones homoeróticas entre personajes como Kirk y Spock de Star Trek. El BL encajó perfectamente en esta tradición de larga data de mujeres interactuando con romances entre hombres.

Más recientemente, a lo largo de la década de 2010, Tailandia desarrolló una industria BL altamente comercializada, produciendo cientos de series live-action y cultivando bases de fans globales a través de plataformas de streaming y redes sociales.

Para cuando editoriales y estudios occidentales comenzaron a invertir fuertemente en romances queer —como la novela Red, White & Royal Blue de Casey McQuiston (2019) o la comedia juvenil Love, Simon (2019)—, el formato ya estaba firmemente establecido. Producciones más recientes como Heated Rivalry no representan un fenómeno repentino o desconocido, sino el resultado de una larga historia de intercambio mediático internacional.

Thomas Baudinette, profesor titular de estudios japoneses e internacionales en la Universidad Macquarie y antropólogo cultural especializado en cultura popular queer en Asia, señala que parte del atractivo inicial del BL radicaba en ofrecer algo que los medios queer occidentales mainstream muchas veces no brindaban.

“El manga BL japonés conectó con el público porque ofrecía historias románticas y felices, sin necesidad de estar ancladas a una reflexión trágica”, explica Baudinette.

En una época en que el cine queer occidental solía centrarse en el trauma y la pérdida, el BL proponía narrativas más esperanzadoras, lo que lo volvió especialmente popular entre jóvenes LGBTQ+ en busca de representaciones positivas.

Según Baudinette, los debates en torno a Heated Rivalry dicen menos sobre la supuesta novedad del BL y más sobre lo lentamente que los medios occidentales están alcanzando una historia que, durante mucho tiempo, pasó desapercibida.

Empoderamiento femenino y BL

Baudinette sostiene que históricamente el BL ha funcionado como una fuente de empoderamiento para las mujeres, tanto en Japón como en otros países.

“Contrario a los prejuicios comunes, el BL no gira únicamente en torno al sexo”, afirma. “Incluso cuando hay escenas sexuales, generalmente están enmarcadas dentro del romance. La idea de que se trata solo de pornografía es errónea”.

Al centrar la narrativa en dos personajes masculinos, el BL ofrece a las mujeres un espacio para explorar el romance y la sexualidad sin situar a un personaje femenino dentro de roles de género tradicionales.

“Es un espacio importante para que las mujeres que viven en sociedades patriarcales exploren diversas formas de romance y deseo sexual”, añade.

Los fandoms de BL, además, son mucho más diversos de lo que a menudo se asume: incluyen mujeres queer, hombres queer y personas que describen el género como una vía para explorar la atracción y la identidad en entornos menos restringidos por expectativas heteronormativas.

Vigilar el placer femenino

A medida que Heated Rivalry crece en popularidad, también ha reavivado el debate de larga data sobre quién debería consumir medios queer y de qué manera. Algunos comentaristas en línea han criticado a las fans mujeres, argumentando que el contenido queer debería estar reservado exclusivamente para personas que se identifiquen como queer.

Baudinette señala que este tipo de reacciones encajan en un patrón histórico en el que los intereses culturales de las mujeres son desestimados o patologizados, y que estos argumentos reproducen estereotipos conocidos que presentan los gustos femeninos como irracionales o socialmente disruptivos.

“Existe una larguísima historia de desprecio hacia los fandoms y culturas de consumo lideradas por mujeres”, explica, comparando esta reacción con pánicos morales pasados como la Beatlemanía o la cultura de las boy bands. En ese contexto, los ataques al BL funcionan menos como una defensa de la representación queer y más como una forma de vigilar el deseo femenino.

Baudinette afirma que no comparte el argumento —conocido en Japón como el debate yaoi ronsō— de que el BL se apropie de la representación de los hombres gays. Gran parte de esta discusión, sostiene, se basa en una descalificación misógina de los deseos de las mujeres. “Más que fetichización, muchas veces se trata de solidaridad”.

Según el académico, el BL refleja experiencias compartidas de restricción a través del género y la sexualidad, y tiene el potencial de fomentar conexiones entre mujeres y hombres queer, en lugar de desplazarlos o alienarlos.

“Se trata más de construir solidaridades y experiencias compartidas de opresión que de cualquier otra cosa”, señala.

Controlar lo que consumen las mujeres reproduce precisamente las dinámicas que el feminismo busca desmantelar.

“La misoginia consiste en vigilar y silenciar los deseos de las mujeres”, afirma. Atacar a las mujeres por disfrutar del BL es “misógino, sin importar quién lo haga”.

Pese a las críticas, para muchos espectadores Heated Rivalry sigue siendo, sencillamente, una historia de amor: una que revisitan, reinterpretan y celebran en línea, utilizando un vocabulario moldeado por décadas de fandom global.

Ese vocabulario y los debates que lo rodean continuarán evolucionando. Pero el éxito de la serie sugiere algo más duradero: un deseo de narrativas que permitan a mujeres y audiencias queer imaginar la intimidad más allá de roles y expectativas estrechas. En ese sentido, Heated Rivalry forma parte de una tradición mucho más amplia de historias que conectan con el público de manera abierta y sin disculpas.»

Fuente: The Japan Times

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